Segundo Domingo de Curesma

Quiero subir a la montaña.
Padre, quiero subir a la montaña como Pedro, Juan o Santiago, como Jesús. Subir sabiendo que voy hacia tu encuentro, para estar Contigo sin prisas, para gozar de Ti, sabiendo que eres Tú quien colma mi deseo, para sentirme amado y saberme vivo para este amor.
Padre quiero en la montaña vaciarme de mis pecados y llenarme de Ti y de tu Palabra. Pero que no me acomode, que no te pida como Pedro construir esa tienda para quedarme a solas contigo, en el refugio de tu regazo, que no te pida parar el tiempo de la felicidad, para evitarme dolor o conflictos.
Padre, que te pida sentir tu compañía en las horas bajas, pero no que me las evites, que te pida sentir tu fuerza para vivir la vida, con mis hermanos, para ser constructor de tu Reino.
Padre que suba la montaña, para bajarla lleno de Ti, rebosando de tu mensaje de Amor, fortalecido… pero que la montaña de mi oración sea fuente de mi compromiso, fundamento de mi misión, no excusa para quedarme quieto ni para construir el bien violentando, para perder los medios por el fin.
Padre que en tu montaña me sienta amado para amar, servido para servir, esperado para esperar, perdonado para perdonar, mirado con compasión para llenarme de misericordia…

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CUARESMA 2015

Cuando los cristianos mudamos la piel del corazón.

El tiempo de Cuaresma es importante y no sé si los cristianos le damos importancia. El ambiente exterior da importancia a los acontecimientos “mercantiles”, fechas en las que nos pueden sacar los “euros”. Pero la Cuaresma no es mercantil: es todo lo contrario. Por eso no interesa socialmente. Y entre los que somos cristianos (o intentamos serlo) convendría no perder lo esencial.

Cuaresma es un tiempo para preguntarnos por lo que hay de evangelio en nuestras vidas; para examinar el “hueco” que Jesús tiene en nuestros corazones; para analizar los criterios de mentalidad que nos movilizan y hacen que tomemos unas opciones u otras… Por ejemplo, ¿en qué se nota que somos familia cristiana? Desde luego, no vale decir “somos cristianos”. Hay palabras en la vida de las personas que si no se traducen en algo concreto, son mentira. Ya te pueden decir “te quiero”, si no se deja “ver en hechos concretos” no pasa de ser “musiquilla celestial”…

Quizás un día de estos, cuando estés harto de casi todo, también de ti mismo por la complejidad de la vida, te puedes tomar unos momentos de paz (a lo mejor metiéndote en una iglesia cuando no hay misa y hay silencio…) El silencio es buen compañero cuando te dejas arropar por él. El silencio no suele decir mentiras, suele desvelar verdades, tu verdad. Y no está mal de vez en cuando asomarse a la verdad desnudamente.

Me atrevo a proponerte un objetivo concreto: una de las señales que indica que el evangelio entra en la vida de las personas es el uso que hacemos del dinero. Cuando Jesús entra en la vida de Mateo, Zaqueo, Magdalena… se nota por su relación con el dinero: saben dar, repartir; es decir, dan menos importancia al dinero; no viven para tener; tienen para vivir, y basta. No te aconsejo que des de lo que tienes. De eso no des nada. Sólo te aconsejo que des de aquello que puedes tener y te abstienes de tener o comer o ponerte encima o almacenar.

Una vez una familia en cuaresma dijo: “Toma, para los pobres; es el aperitivo de todos los domingos de Cuaresma. Lo hemos suprimido y ahí está el importe”. Mi opinión es que el dar no hace rico al que recibe, sino al que da porque le abre a otros valores de solidaridad, de apertura, de escala diferente de valores. Te invito a tener de uno a cinco minutos de paz al día en este tiempo. Elige el tiempo que resistas. Quizás valga un minuto al día para respirar y decir: ¿Qué estoy haciendo en mi vida? ¿Qué estoy haciendo de mi vida? Después basta que exclames con el corazón: ¡Señor, Señor! No digas que esto es muy difícil. Vale.

No perdemos nada y podemos ganar mucho: un aumento de felicidad interior, de alegría profunda (esa que no se compra, esa que mana dentro, en el hondón del corazón). ¡Marchando que es Cuaresma! Este “renacer” no es fundamentalmente conquista nuestra, sino don de Dios.