REFLEXIÓN CUARTO DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

HABLABA CON AUTORIDAD

He leído que hay un periodista que viaja habitualmente a un pueblo de África y disfruta enterándose de las pequeñas cosas que suceden en la vida de las gentes del poblado. En una de sus visitas descubrió un montón de televisores almacenados en una choza a las afueras del pueblo. Todos estaban aún sin estrenar y desconcertado, se fue a conversar con el jefe del pueblo.

¿Por qué la gente del pueblo no ve la televisión?, le preguntó. Y el jefe del pueblo le contestó: “Nosotros tenemos nuestro propio contador de historias.” Eso está muy bien, dijo el periodista, pero la televisión puede contarles miles de historias. “Es verdad, le dijo el jefe, pero nuestro contador de historias nos conoce a cada uno de nosotros”. Esta es la clave de “nuestro contador de historias: nos conoce”. Así puede contarles no la historia que desearían oír, sino la que necesitan cada día. Y puede darles la mejor medicina para el sufrimiento y el mejor consejo para cada decisión que han de tomar.

Me pregunto: ¿Es la televisión nuestro único contador de historias? Para muchos, desgraciadamente, es el único.

Para nosotros los que nos reunimos aquí los domingos, tenemos otro contador de historias, otro maestro, otro médico. Jesús es nuestro contador de historias. Nos conoce. Tiene autoridad. Nos ama. Está siempre disponible. Viene a nuestra iglesia el domingo y nos enseña.

En el relato del Evangelio de hoy, vemos a Jesús en la sinagoga enseñando con autoridad y actuando con poder. Había mucha gente en la sinagoga aquella mañana. Nadie sabía que uno de ellos albergaba un espíritu malo. Pero Jesús que los conocía a todos, sabía que uno de ellos necesitaba sanación. Reprendió al espíritu malo y le dijo: “Cállate. Sal de él”. La gente reunida allí no entendían ni palabra y se preguntaban: “Qué es esto?

Cuando Jesús es nuestro contador de historias, Dios se hace presente y Dios nos trabaja, a cada uno, con su poder y su gracia.

Sólo Jesús conoce las zonas oscuras que hay en nuestros corazones: avaricia, odio, rencor, indiferencia, pereza, lujuria, crítica… Sí muchos espíritus oscuros viven dentro de nosotros. Y Jesús nos dice: Cállate. Sal fuera. Estoy aquí para sanarte, para liberarte. Tengo autoridad y poder y tú tendrás el mismo poder si vas entrando en una relación cada vez más profunda con mi Padre y tu Padre Dios.

Una invitación a profundizar en nuestra fe a través de la oración y la escucha de nuestro contador de historias: Jesucristo. Hay ciertas vocaciones que cada día tienen menos candidatos. La vocación de sacerdote, contador de la Buena Noticia de Jesús. La vocación de maestro.

Dicen que Nueva York, en los próximos diez años, tendrá que buscar 50.000 maestros. Para nosotros los cristianos, Jesús es el Maestro. Un Maestro que no sólo habla de Dios sino que habla como Dios. Y habla con la autoridad de Dios porque está en comunión con Él. A ti ¿Te gusta sentarte en su escuela y escucharle? ¿Cuánto tiempo le dedicas?. ¿Cuánta atención le prestas?

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