REFLEXIÓN III DOMINGO DE CUARESMA

Cuando Jesús entra en el templo de Jerusalén, no encuentra gentes que buscan a Dios sino comercio religioso. Su actuación violenta frente a “vendedores y cambistas” no es sino la reacción del Profeta que se topa con la religión convertida en mercado, en rutina, en mero cumplimiento…

Ante el evangelio de hoy, uno tiene que preguntarse cómo actuaría hoy Jesús si hubiese estado a la puerta o dentro de nuestras iglesias… ¿qué hubiera dicho de nuestra disposición rezando con ánimo o con desgana, qué hubiera dicho de nuestra participación en las celebraciones litúrgicas? ¿Qué diría de nuestra escucha atenta de la Palabra de Dios? ¿De nuestra presencia ausente, de nuestra rutina, de nuestra superficialidad…? ¿De el quedarnos en lo puramente externo y no intentar “ir a Dios” y vivir lo que decimos y celebramos? ¿Nuestros labios rezan y algunas veces cantan, pero, dónde está nuestro corazón?

Y el problema es aún más de fondo. Me hacían un comentario de un anuncio que aparece en la prensa con cierta frecuencia: “Reza nueve Avemarías durante nueve días, pide tres deseos, uno de negocios y dos imposibles, al noveno día publica este aviso. Se cumplirán aunque no lo creas”…

Creo que los que estamos aquí no llegamos hasta ese nivel de degradación…, pero ¿no hay mucho de “cambista”, de comercio en nuestras relaciones con Dios? ¿No tenemos que decir que nuestras relaciones con Dios se rigen por la norma “te doy para que me des”? ¿No queremos comprar a Dios cuando le hacemos diversas promesas para obtener algo y nos sentimos decepcionados y hasta airados porque no nos ha concedido lo que deseamos? Dios a nuestra disposición y no nosotros a disposición de Dios. “Dios a la carta”

Aunque decirlo parece duro, los mercaderes del templo, son más numerosos de lo que ordinariamente se piensa. La operación limpieza sólo se completará cuando logremos erradicar, de nuestros corazones, esa mentalidad mercantil; esta concepción egoísta de la religión que nos hace mezquinos y nos transforma en comerciantes a la sombra del templo. Esa operación habrá que realizarla muy a fondo, para poder tener experiencia de encuentro con el “Dios vivo”. Y esta cuaresma puede ser un buen momento. Un tiempo para cambiar nuestra mentalidad y nuestro corazón y centrarnos en buscar más y más la voluntad de Dios

Sólo los que son capaces de reflejar a Dios en la vida de la familia y del pueblo, en la vida de cada día, pueden pasar el dintel de la Iglesia. Fuera es donde hemos de demostrar que sabemos estar en la Iglesia. Fuera es donde se adquiere el billete de entrada en la Iglesia. A pesar de las apariencias no es fácil entrar y permanecer en el templo.

Nos sentaría bien orar con el salmo 14

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

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