REFLEXIÓN IV DOMINGO DE CUARESMA

Nos acercamos a los umbrales de la Pascua. Es memorial de lo que Dios hizo por la humanidad. En algunos habrá perdido vigencia (oportunidad para vacaciones), en algunos más  consistencia (ya no saben ni por qué se celebra) y en otros profundidad (se queda en una escenografía de religiosidad popular).

Pero, la Cuaresma, un domingo más, nos incita a ser conscientes del amor que Dios nos tiene. Vino en Belén para alegrarnos la vida y subirá al calvario para darnos otra, sin fecha de caducidad. ¿Se puede esperar más del amor de Dios?

En nuestras comunidades tendría que surgir un grito espontáneo que sacudiera nuestras conciencias muchas veces adormecidas; la de los que son cristianos pero viven al margen de su fe, y también las de aquellas otras que, poco o nada, han oído hablar de un tal Jesús de Nazaret: ¡Esto lo hizo Dios por ti y por mí!

Por nuestra salvación, Dios, es capaz de cualquier cosa. Dios, va a por todas. Lo hizo en la Anunciación fiándose de una humilde nazarena; sorprendió al mundo en la pobreza de un pesebre y sobresaltará  a los creyentes –y no creyentes también- cuando entregue lo más querido, Jesús, su Hijo, en el árbol de la cruz.

Esa es la matemática de Dios: por cada  hombre y por cada mujer, todo. Incluso a costa de restar amor de su propio amor clavado en la cruz. Porque, al fin y al cabo, esa resta es suma de redención y de salvación.

Dicen que para saber lo que vale el amor de una persona, hay que saber cuánto ha sufrido por mantenerlo vivo.

Contemplemos el alma de Dios; el corazón de Dios y, conociendo el sufrimiento de Cristo, nos daremos cuenta que el amor a esta humanidad nuestra es –entre otras cosas- locura, pasión y bendita obsesión.

Cuaresma. Es el amor de Dios que se multiplica, que se desborda y se hace realmente escalofriante en ese Jesús de Nazaret, que hace de la cruz un auténtico surtidor de amor.

Cuaresma. Es la preparación para la reconciliación, personal y comunitaria con Dios, para que cuando nos ofrezca su amor, en Alianza perpetua, nos localice sensibles, permeables y receptivos a semejante ráfaga de su amor sin farsa, universal, divino y con un fin: llamados a la resurrección por Cristo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s