MI ALMA SE AGITA, SEÑOR

Cuando llega la hora de la verdad,

y siento que no tengo tantas fuerzas

para defender tu Reino.

Porque me cuesta renunciar a mi “YO”

y decirte que soy todo tuyo, Señor.

Porque, lejos de ser trigo que muere,

pretendo ser flor que nunca se marchita

que no quiere perder ninguno de sus pétalos

que, lejos de renunciar a su hermosura,

la quiere salvar a toda costa.

MI ALMA ESTA AGITADA, SEÑOR

Porque para dar fruto,

me dices que, primero, hay que desaparecer.

Porque para darte gloria,

me recuerdas que he de sucumbir.

Porque para, ser de los tuyos,

he de alejarme de muchos de lo míos.

¿Qué te diré? ¿A quién clamaré?

¿A dónde iré? ¿Merece la pena, Señor?

Como Tú, Señor, también yo digo:

Líbrame de aquellas horas

que me producen pena y llanto.

Evítame las cruces excesivamente pesadas.

Condúceme por los caminos

no inhumanamente estrechos.

MI ALMA ESTA AGITADA, SEÑOR

Pero, eso sí, Señor;

No se haga mi voluntad.

Porque, sé mi Señor,

que todo lo que me pides y me das,

que todo lo que pones bajo mis pies

es porque, previamente, Señor,

sabes que lo puedo soportar

y por Ti entregar.

Pero sé que, hoy y siempre,

la esperanza que tengo en Ti

no me defraudará.

Amén

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