REFLEXIÓN V DOMINGO DE CUARESMA

El evangelio de hoy es de una gran profundidad. Me llama la atención la petición de aquellos griegos y el papel de Felipe. Les invito a fijarnos en esos dos momentos

En primer lugar la petición: “Queremos ver a Jesús”. Y cuando, Jesús, se entera de que quieren verle, se alegra. Es la alegría de pensar que unos querían verle, conocerle, saber qué decía, qué pensaba y cómo actuaba. La postura de búsqueda de aquellos griegos, es importante. Sí, es importante “querer ver a Jesús”.

Y es importante hacer notar que la mayoría de los cristianos, no tenemos interés por “ver” a Jesús, no sentimos la necesidad de preguntar por él, de saber lo que él dice, lo que él piensa… Basta contemplar la religiosidad general de los cristianos para darnos cuenta de que nuestra fe carece de vitalidad, de ilusión, para buscar de verdad a Jesús. A mí me impresionan muchísimo nuestros lugares de culto en los cuales apenas se palpa vida, ilusión, entusiasmo. Donde se dicen oraciones, sin saber lo que estamos diciendo, de forma distraída y desinteresada.

La mayor parte de las veces salimos igual que hemos entrado, y aquí no ha sucedido nada que haya transformado ni nuestra fe, ni nuestra vida, ni nuestras costumbres.

En segundo lugar, es interesante, también, el papel de Felipe. Es alguien a quien dirigen la pregunta… Aquellos que preguntaban por Jesús, tuvieron suerte, porque se encontraron con un hombre que les llevó a Jesús…

Hoy es posible que muchos hombres y mujeres tengan en el fondo de sus almas el mismo deseo de aquellos griegos… ¿A quién irán para que les lleve a Jesús? Lo lógico sería que fueran donde aquellos que dicen que ya lo han encontrado.

Y aquí viene la tremenda pregunta: ¿podemos nosotros llevar a alguien a Jesús? ¿Puede, alguien, que se acerque a mí, descubrir el rostro de un Dios capaz de dar la vida por la oveja perdida, de abrir los brazos sin reproche, para acoger en ellos al hijo pródigo? ¿Si alguien se acerca a mí es posible que se encuentre con un Dios que nació en la pobreza, vivió en la más absoluta sencillez y murió dejando sólo una túnica? ¿Podrían? Pues no lo sé…

Hermoso, el papel de Felipe y tremenda nuestra responsabilidad. Pues ése es sencillamente el papel de un cristiano que lo quiera ser sinceramente: Llevar a otros a Jesús.

Sí, porque en cada hombre y mujer existe esa marca de fábrica, quizá sepultada bajo montones de polvo y… sueño. Nuestra tarea es precisamente hacer de espejo. Despertar esa imagen, sacarla a la luz, no sólo con la palabra, si no, sobre todos, con el testimonio una vida llena de los mismos gestos de Jesús.

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