CUARTO DOMINGO DE PASCUA

LAS LLAMADAS DEL BUEN PASTOR

La imagen de Dios-pastor que encontramos en el evangelio de hoy es conocida en el Antiguo Testamento. El profeta Ezequiel ya había expresado con ella el cariño de Dios por su pueblo.

El Pastor tiene una relación personal con cada oveja según la situación que está viviendo: «Buscaré a las ovejas perdidas y haré volver a las descarriadas; vendaré a las heridas y robusteceré a las débiles» (Ez 34,15-16).

Jesús se auto-presenta por dos veces con esa imagen, “Yo soy el Buen Pastor”, y muestra la razón de ello. En primer lugar, porque da la vida por sus ovejas, vive en función de ellas, deseoso de exponer su vida, incluso de entregarla por librarlas de los ataques del lobo.

En segundo lugar, porque conoce a sus ovejas y sus ovejas le conocen a él. Este conocimiento hace referencia a la intimidad, supone la comunión de corazón a corazón, hasta tal punto que lo asemeja al que tiene con su Padre.

Esta bella imagen de Jesús, Pastor bueno es, por otro lado una llamada a la conversión, dirigida a quienes pueden reivindicar el título de «pastores» en la comunidad cristiana. El pastor que se parece a Jesús, sólo piensa en sus ovejas, no «huye» ante los problemas, no las «abandona». Al contrario, está junto a ellas, las defiende, se desvive por ellas, «expone su vida» buscando su bien.

Al mismo tiempo, esta imagen es, también, una llamada a la comunión fraterna entre todos. El Buen Pastor «conoce» a sus ovejas y las ovejas le «conocen» a él. Sólo desde esta cercanía estrecha, desde este conocimiento mutuo y esta comunión de corazón, el Buen Pastor comparte su vida con las ovejas. Hacia esta comunión y mutuo conocimiento hemos de caminar también hoy en la Iglesia.

En este tiempo pascual en el que estamos celebrando que Jesús “ha dado la vida y la ha recuperado”, se nos invita a disfrutar de ese Pastor Bueno: de su generosidad al dar su vida por nosotros, y de su intimidad, de corazón a corazón. No estamos solos. Él «nos conduce a buenos pastos» (Sal 23).

Pero esto también nos compromete. Nos invita a seguir su estilo de vida y  abrir puertas y corazones para acoger a los que están dentro y salir en búsqueda de los que están fuera y alejados: Una Iglesia siempre en búsqueda y acogida.

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