Domingo 13 del Tiempo Ordinario

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Es curioso este texto de Marcos, nos introduce una historia dentro de otra, para hacernos caer en la cuenta, de que Jesús no sólo es el sanador del cuerpo (la hemorroisa), sino el señor de la vida (la hija de Jairo) y en ambos casos resaltando la fe de los protagonistas. Jesús es el “Dios con nosotros” y como en el Evangelio del domingo pasado, la fe es una llamada a perder el miedo y entrar en la vida.
La fe es la condición imprescindible para la actuación de Dios. Y, hay que reconocerlo, preferimos abandonaros en manos de lo inmediato, que echarnos en los brazos del Señor.
Pidamos al Señor que nuestra fe sea firme y confiada. Que nada ni nadie nos aleje de Él. Sólo Él puede sacarnos de situaciones que dificultan nuestra felicidad. ¿Tienes fe? nos pregunta hoy el Señor; sanarás, te recuperarás, te levantarás, brillará de nuevo en ti la alegría de vivir.
¿Tienes fe? Entonces no te faltará auxilio en los momentos en los que, por debilidad o enfermedad, veas que la vida se te escapa irremediablemente
¿Tienes fe? Cuídala. Con una oración sincera. Con la escucha de la Palabra de Dios. Con la contemplación. Con el agradecimiento a Dios por haberte hecho hijo suyo por el Bautismo.
¿Tienes fe? No te des por vencido en las causas nobles. Lucha con toda tu alma para que, el mundo que te rodea, deje de ser un flujo de injusticias, de sangre o de desencanto.
¿Tienes fe? ¡Entonces, el Señor, te necesita! Eres de los suyos. Ofrécele, tu fe, como respuesta, a ese regalo, junto con la ofrenda de tu vida.
La fe es un encuentro, es decir, una forma de vida y de situarse ante la realidad y ante el Evangelio, que agarra a la persona de manera afectiva y efectiva. Por lo tanto no es una conquista nuestra. Es un don. Es un regalo. Es ella la que nos transforma. La que nos da un corazón nuevo.
La fe es un camino, no una meta. Se realiza en el mundo, y es vivida en la Iglesia donde se nos planta, como semilla, el día del bautismo y donde tiene que crecer. De ahí que la fe, supone dejarse transformar en los pensamientos, sentimientos y afectos por Él, (nos hace excéntricos, estar centrados en Él).
Dios está presente en el mundo, en la historia, en la Iglesia, en los acontecimientos de las personas. “En Él vivimos, nos movemos y existimos” decía San Pablo en el famoso Areópago de Atenas. Por lo tanto levántate y ten fe, Dios tiene poder sobre la muerte. Dios sana desde dentro. Tócale y déjate tocar por Él.
Déjate levantar por Él, desde cualquier postración que tengas.

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