Domingo 19 del Tiempo Ordinario

“YO SOY EL PAN VIVO QUE HA BAJADO DEL CIELO”
En esta vida, dentro de la gran diversidad y de las diferencias entre nosotros, hay, sin embargo, una cosa en la que coincidimos todos, absolutamente todos: mujeres y hombres, jóvenes y adultos, pobres y ricos, blancos y negros. No hay una sola persona en el mundo que no esté de acuerdo con ello. Todos queremos, buscamos y nos interesamos por la felicidad y, a ser posible, por una felicidad duradera, para siempre.
Podremos dividirnos luego a la hora de pensar qué clase de felicidad buscamos cada uno; qué entendemos cada uno por felicidad y, sobre todo, el medio y la forma de conseguirla. Para unos será el dinero, la comodidad, el bienestar, la salud, el poder y la fuerza sobre los demás…y según eso usaremos muy distintos métodos y formas de vida que nos pueden llevar a la infelicidad.
Hoy Jesús nos ofrece en el evangelio, no solo la felicidad, sino también el camino y el modo de conseguirla. La felicidad, nos dice, no está en tener cosas. No está ni en el dinero, ni en la comodidad, ni en otras mil cosas que nosotros buscamos. La felicidad está en el interior de cada uno, no en el exterior. Está en ser personas, en el amor.
En una palabra, seremos felices en la medida en que amemos y nos dejemos amar; en la medida en que amemos como Dios nos ama a nosotros. Como el pájaro es feliz al aire libre, como el pez es feliz en el agua, porque para ello han nacido; nosotros hemos nacido para amar y ser amados y solo así seremos felices.
Además, Él mismo se nos presenta y se nos ofrece como “el pan vivo bajado del cielo”; Él se nos ofrece como alimento y camino para lograr esa felicidad en el amor. Todo lo demás, todo eso que nosotros creemos como felicidad, no son sino sucedáneos y falsas felicidades, que duran muy poco y nada valen para la vida eterna a la que todos estamos llamados. Si creemos que Cristo fue feliz en su vida porque amó hasta la muerte y pasó la vida haciendo el bien, debemos también creer en lo que nos dice, porque nos ama de verdad y quiere que seamos profundamente felices. Buen domingo, buen día del Señor.

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