¡¡¡ ABRE EL OÍDO !!! Domingo 23 del Tiempo Ordinario-B

Se suele decir que “no hay peor sordo que aquél que no quiere oír”. Y también, en la vida de la fe hay mucha sordera interior. Y, porque no decirlo, son muchos los inconvenientes, los “inhibidores” que nos impiden escuchar con nitidez la voz de Dios. Sobre todo, y lo más grave, existe la sordera espiritual que nos hace caer en el olvido sistemático de la presencia de Dios en nuestras vidas hablándonos al corazón.
¿Qué hacer para luchar contra esa sordera?.
Primero: Salir de nuestros egoísmos personales. El abrirnos, además de darnos horizontes, nos posibilita un enriquecimiento personal y comunitario. ¿Cómo me encuentro frente a Dios y frente a mis hermanos? ¿Qué actitud presento en palabras y obras? ¿Tengo el corazón abierto para dejarme sorprender, positivamente, por Dios y por los demás?
Segundo: Tenemos que despertar de nuevo, con ilusión y con entusiasmo, en la alegría de creer y de esperar en Jesús. No podemos dejar que, la mano providente del Señor, salga constantemente a nuestro encuentro y no acogerle. ¿Qué hacemos nosotros? ¿Nos ponemos en disposición de cambio? Dejémonos tocar por Él. Sólo un cristiano tocado por el Señor será capaz de dar testimonio en los precipicios a los que se asoma hoy la humanidad.
Tercero: pidamos al Señor, que siempre que nos presentemos ante Él, lo hagamos con docilidad. Ni vemos todo lo que hay ni oímos todo lo que Él nos dice. La peor sordera que existe en el mundo cristiano es precisamente que nos cuesta escuchar los mensajes de Dios en nuestros ambientes. Preferimos mundanizar nuestra fe, a que nuestra fe cristianice nuestro entorno y todo lo que somos, tenemos y decimos.
Que el Señor abra nuestros oídos. Que seamos capaces de percibir su presencia. Que su Palabra sea un río de agua viva. Que, en medio de tantas enfermedades y preocupaciones, la fe sea fuente de salud, de confianza y de esperanza.
Hay muchos intereses y muchos medios empeñados en producir sordera ante todo lo que suene a espiritualidad y a Evangelio… Que seamos capaces de dejarnos limpiar una y otra vez “el oído”, para escuchar y hablar como el sordomudo del Evangelio y suscitar la alabanza al Señor.

image

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s