Sugerencias para preparar el Adviento y la Navidad

image¿No merecerá la pena tenerlo en cuenta
para que nuestra Navidad
sea más cristiana, feliz y humana

– Espacio de silencio. Crearlo en la familia, a pesar del ruido ambiental para poder escuchar la Palabra; no dejarse emborrachar por el ruido.

– Poner en un lugar especial del hogar la Palabra. Alguien de la familia que se ocupe de abrirla cada día en un pasaje, leerlo en común o dejarlo ahí, para que lo lea el que quiera de la familia y cuando quiera.
– Aprender a apagar la televisión unos minutos No apagar por apagar la televisión; si la apagamos es porque hay «cosas más importantes» que escuchar, es el silencio, o mirarnos a los ojos, hablarnos, etc.
– Hacer silencio para que el otro pueda hablar. Silencio para escuchar las palabras de los otros. Silencio para mirar despacio y contemplar, sin consumir nada, a nadie… Silencio para gustar y alegrarnos. Silencio para orar y gritar: ¡Ven, Señor, ven, salvador!
– Espacio de penumbra. Para no dejarnos deslumbrar por nada, por las cosas, por lo que se nos ofrece, por el martillo de la publicidad
– Espacio para el diálogo en familia. Decimos que son fiestas de familia las fiestas navideñas. Familia es hablar, hablarnos, darnos tiempo para escucharnos. Estamos juntos, pero nos hablamos poco, nos contemplamos poco. Nos damos poco tiempo, nos interesamos poco por lo íntimo del otro, resolvemos rápidamente lo inmediato. Escuchar los verdaderos problemas de los nuestros: sus ansias… Lo importante de cada uno se dice no cuando se nos pregunta, sino cuando queremos decirlo. Para eso necesitamos clima y oportunidades creadas…
– Espacio y tiempo para acoger a otros. «Lo siento, está completo; no hay
sitio”, es la respuesta que dan a María y José… y tienen que buscar sitio donde sólo caben los pobres… Dar tiempo a otros es hoy uno de los regalos más grandes… Dar ese aguinaldo.
– Espacio para la felicidad sencilla. No caer en la tentación de comprar la felicidad con cosas, con grandes gastos, no poner la felicidad en «trastos”, disfrutar con lo sencillo, con cosas pequeñas. Reunirse en familia y hacer el presupuesto de gastos, de regalos. Hacer presupuesto para los que no tienen, para las ONG, para personas concretas. Tenemos bastante con menos. Sentirnos regalados por Dios con el regalo de Jesús nos lleva a regalar, a reconocer al otro.
– Adornar el espacio del hogar. Procurar que sea tarea de todos los miembros. Cada uno que haga algo, que se reconozca: «Esto lo he hecho, lo he puesto yo”. Tener como criterio hacer las cosas antes que comprarlas. Si es posible, que no sea cosa de un día, sino de muchos, que dure…
– Preparar las cosas es una manera de celebrarlas, de vivirlas. Lo bonito de las fiestas es la preparación. No adornamos la casa para los demás, la adornamos para la familia en primer lugar. Que no falten los elementos específicamente cristianos: la corona del Adviento, el pesebre. Después ya puedes poner el árbol y lo que quieras. Pero lo central es lo central.
– Una leyenda sobre el árbol de Navidad. Cuando llegaron los misioneros a los pueblos germánicos, al principio de todo, se encontraron con una tradición: las tribus que poblaban aquellas tierras, en este tiempo de diciembre, adornaban y adoraban a un árbol seco, sin ramas. Los misioneros tomaron esta tradición y la «retocaron un poco” cambiando el árbol seco por un árbol de hoja perenne, un pino de Navidad, porque Jesús es perenne, no caduco, ha vencido al tiempo y a la muerte, es principio y fin de todo. Además, colgaron del árbol manzanas, sí, manzanas (hoy se han convertido en bolas de luces y en regalos de sorpresa) porque este árbol que es Jesús es nuestra salvación. En el árbol del paraíso había manzanas que fueron ocasión de la «caída” de los primeros hombres. Las manzanas colgadas en el árbol de Navidad son recuerdo de nuestros pecados, los que Jesús viene a redimir.
– Y también una tradición: en muchos hogares ponen una cunita vacía. Cada día, todos los miembros de la familia están invitados a realizar algo bueno en la jornada. Al final, antes de acostarse, se coloca una pajita en la cuna para que Jesús tenga paja donde reclinarse y con qué calentarse. Es una manera de ir preparando la venida de Jesús, preparando su cuna.
– Espacio para la alegría. No somos unas tristes personas… Dios nos visita, nos da valor. Valemos tanto que Dios se «desplaza hasta nosotros». Esto no es para estar tristes. Es para estar agradecidos y alegres. Manifestaciones de la alegría: la cara, la fiesta, la participación de todos en hacer cosas… Hacer algo que nunca se ha hecho en comidas, por ejemplo, donde todos «puedan meter la mano,,; si sale bien, fenomenal; si sale a medias, nos reímos…
– Cultivar las tradiciones familiares. Vale la pena conservar todo lo bueno que en cada familia el Espíritu ha suscitado y es tradicional en estos días de Navidad. Es importante que los hijos puedan decir mañana: «En mi casa, en Navidad, teníamos la costumbre de…”.

FELIZ ADVIENTO PARA TODOS

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