2 Domingo de Adviento

«Preparad el camino del Señor”
“Una voz grita en el desierto” Juan grita mucho. Lo hace porque ve al pueblo dormido y quiere despertarlo, lo ve apagado y quiere encender en él la fe en un Dios Salvador. Su grito se concentra en una llamada: «Preparad el camino del Señor”
Juan es un profeta, un hombre habitado por Dios, con palabra de Dios dentro de su corazón. La Palabra de Dios vino a Juan (no es que él fuera a buscarla), y Juan la acoge y la pregona.
El itinerario ordinario de la Palabra de Dios es de unos a otros. San Pablo dirá que la fe se propaga por el oído (Rom. 10,17). Dios es interesante porque alguien lo acoge, se deja habitar y cambiar por Él, lo vive como interesante y lo comunica a otros.
Dios, con una imagen moderna, se da a conocer más por la publicidad del «boca a boca» que por campañas publicitarias a lo grande. De hecho, el lugar donde pasan estas cosas que Lucas nos presenta es el desierto, allí donde no hay cámaras, allí donde lo importante no es que «algo sea noticia», sino que Dios aterrice en el corazón de alguien de manera sencilla.
¿Por qué este hacer de Dios? Porque Dios no viene ni para ser utilizado ni para que le utilicemos. Dios viene para que nos convirtamos, para que cambiemos por dentro. Dios no es una cosa más de las que se venden o se compran en estos días.
Dios es alguien a quien se acoge porque sí, porque uno quiere allanar el corazón y vivir «como Dios manda». Dios es «noticia» y «tiene interés» para aquellos que estén dispuestos a lo nuevo, a cambiar algo, a hacer «reformas» en su propia vida.
El Dios que viene y que Juan anuncia como próximo no puede convivir con los que no quieren tocar su vida. Dios entra en el corazón removiendo y cambiando todo porque exige que organicemos todo poniéndole a Él como centro.
Dios viene para allanar senderos, para enderezar lo torcido. Dios viene para ser salvación. Es posible que muchos oigan y no les interese remover nada. Llegan momentos y situaciones en la vida de las personas en las que uno hace las paces con lo que sea con tal de «no revolver» su interior. Dios nos remueve y nos involucra para que como Él, achiquemos distancias, nos abajemos para mirarnos de tú a tú, y tocar como Él, toda miseria humana. Para eso hay que poner mucho corazón en el camino. ¡ÁNIMO!

 

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