Fiesta del bautismo del Señor

“TU ERES MI HIJO, EL AMADO”
Hay realidades que no se ven. Pero que siguen siendo realidades. Dentro llevamos algo que los ojos no ven. Pero que es una realidad tan real como la que nuestros ojos logran ver. Llevamos todos una “interioridad”. Nos creemos vacíos, pero por nuestro Bautismo, estamos llenos por dentro, porque estamos llenos del Espíritu de Dios.
Lo que sucede es que estamos tan acostumbrados a lo material a lo que tocamos, que lo espiritual, la gracia, el amor de Dios que nos hizo hijos suyos, casi nos pasa desapercibido. Como que no nos enteramos de lo que acontece dentro de nosotros.
Además vivimos con tal rapidez y velocidad que pasamos por la vida, sin tiempo para mirarnos por dentro y poder contemplar el misterio que llevamos. Por eso mismo, nos olvidamos de que llevamos un apellido que supera al apellido de nuestros padres. Ese apellido, regalo de nuestro Padre Dios, se llama “hijo/a de Dios”.
¿Alguna vez has pensado y has creído que realmente llevas inscrito dentro, como grabada en el CD de tu corazón, una música y una voz que también a ti te sigue repitiendo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.?
Con frecuencia vivimos más preocupados y hasta angustiados si amaremos de verdad a Dios. Yo pienso que ese no es nuestro verdadero problema. Nuestro problema está en “sentirnos amados nosotros por Él”. Nosotros no somos los que le amamos primero sino que es Él quien nos amó primero. Y sólo quien cree en ese amor y quien ha experimentado el ser amado por El, es luego capaz de amarle de verdad.
Es una pena que caminemos por la vida contemplando siempre la piel de la vida y no logremos entrar dentro para ver cómo corre una savia nueva que llamamos “gracia bautismal”. Una gracia que nos transforma y nos renueva y nos hace nuevos, diferentes. Por fuera, más o menos, todos somos iguales. Pero nuestra verdad camina por dentro.
En su Bautismo, Jesús se sintió impactado y marcado por su experiencia humana de ser Hijo del Padre, amado del Padre. Y de alguna manera, su Bautismo, fue la señal y el comienzo del bautismo cristiano. Él fue bautizado con agua. Pero Él bautizará con Espíritu Santo. El Espíritu que nos hace los hijos amados de Dios.
No miremos solo hacia fuera. Dispongamos de un tiempo para mirarnos por dentro. Ahí está nuestra verdad, nuestra grandeza. Y ¿cómo no? Nuestra verdadera belleza.

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