Ermita de San Diego del Monte

En el año 1615, Juan de Ayala, fundó, el convento de los franciscanos descalzos de “San Diego del Monte” al que entregó todos sus bienes y derechos. Después de unos años de avatares, el padre Gonzalo Temudo, con doce religiosos, formó la primera comunidad franciscana en el año 1648, terminando la construcción definitiva del convento en el 1672. Parte del mismo es esta ermita.

La estatua orante del fundador del convento, Juan de Ayala, que se encuentra en su interior, ha generado, entre los estudiantes de La Laguna, la costumbre de “la fuga de San Diego” para visitar la ermita y contar los botones de su vestimenta, con la esperanza de obtener buenas notas en los exámenes.

Después de casi treinta años cerrada al culto, el 13 de noviembre de 2009, Festividad de San Diego de Alcalá, se procedió a su reapertura y a la bendición de las obras de restauración por el Obispo Don Bernardo Álvarez Afonso. Estas obras se hicieron con la colaboración del Obispado Diocesano, Cabildo Insular y Ayuntamiento de esta Ciudad.

En esta ermita se veneran las imágenes de San Diego de Alcalá (Titular de la misma), La Virgen de los Ángeles y San Francisco de Asís, recientemente restauradas. Actualmente están en proceso de restauración los cuadros del Cristo, San Francisco de Asís, Santo Domingo de Guzmán y el Siervo de Dios Fray Juan de Jesús. Estas restauraciones se hacen con las aportaciones de un buen grupo de personas; en la restauración de la Virgen de los Ángeles, también ha colaborado el Cabildo Insular.

Las fiestas patronales tienes lugar el fin de semana siguiente a la celebración litúrgica de San Diego de Alcalá, el 13 de noviembre.

            Actualmente se celebra la Eucaristía, los domingos y fiestas de precepto

a las 12’30 de la mañana.

BREVE BIOGRAFÍA DE SAN DIEGO DE ALCALÁ

Nació en San Nicolás del Puerto (Andalucía). Ingresado en la Orden de Frailes Menores, residió en los Conventos de Arrizafa, Sevilla, Canarias, Sanlúcar de Barrameda, Ara Coeli de Roma y Alcalá de Henares, donde falleció en 1463.

Sus padres, profundamente cristianos y de condición modesta, le impusieron el nombre de Diego, sinónimo de Tiago o Santiago, con los que conocemos al que fue Apóstol de España. Desde muy joven dio muestras de su futura santidad, entregándose a largos ratos de oración y vida sacrificada. No queriendo otra ciencia que la preconizada por San Pablo: “Jesucristo crucificado”. Fue después de haber alcanzado grandes progresos en todas las virtudes, cuando solicitó el hábito del “Pobre de Asís” en Arrizafa (Córdoba), uno de los conventos de España restituidos a la primitiva y rigurosa observancia franciscana, hacia 1409.

Sobresalió en la mortificación, en la obediencia, en la pobreza, en la caridad; sobre todo, en la intensidad de la oración, que le llevaban a la experiencia profunda de los misterios de la fe, que dejaba admirados a los teólogos que acudían a él.

Fray Diego estaba repleto de caridad para con los pobres, los pecadores y todos cuantos iban a su encuentro. Fue designado portero del convento, lo cual le daba continuas ocasiones de repartir comida, de aconsejar a los desorientados, de confortar a los afligidos. Algunos frailes le reprocharon a veces su prodigalidad, pero el respondía humildemente: «No teman, Dios no puede dejar de bendecir esto. Lejos de arruinar a la comunidad, esas limosnas atraerán hacia ella las gracias del Cielo, pues el bien hecho a los pobres es caridad hecha a Jesucristo».

Durante cuatro años desempeñó el cargo de Guardián en las Islas Canarias; en el convento de Fuerteventura. Habían sido descubiertas las islas en 1402 por Juan de Bethencourt e inicialmente evangelizadas por franciscanos. Muy pronto prosiguieron la tarea los frailes Menores de la Observancia, fundando, en 1422, su primer convento en Fuerteventura. A la muerte del primer Guardián y «Vicario de la Misión de Canarias», todos los ojos recayeron en Fray Diego, que fue elegido sucesor y tuvo que trasladarse allí. Los dirigentes de la Orden se habían saltado la norma legal de no conferir ningún cargo de gobierno a un hermano lego. Dijéronse: «La  Sabiduría del Cielo suplirá lo que falta a la sabiduría humana». En efecto, el nuevo Guardián nada dejó que desear. Fue la Regla viviente del convento. Lleno de celo apostólico, comunicó a todos sus hermanos la generosidad y el ardor de su corazón por dar a conocer a Jesucristo Crucificado. Embarcó para Gran Canaria, con el fin de llevar allí, antes que otros misioneros, la luz del Evangelio. Pero una tormenta le obligó a retroceder a Fuerteventura, donde, al poco tiempo, recibió la orden de regresar a la Península, yendo a Sanlúcar de Barrameda.

En 1450 se celebró en Roma el Año Jubilar y la canonización de San Bernardino de Siena. Millares de Frailes Menores se trasladaron a la Ciudad Eterna, entre ellos nuestro Santo. Es cosa imposible explicar la piedad con que visitó las basílicas y las iglesias. Más imposible, si cabe, es describir el heroísmo con que ejerció la caridad. Gran número de religiosos venidos a Roma cayeron enfermos, víctimas de una epidemia que azotó la ciudad, y el amplio convento de Ara Coeli fue convertido en enfermería. Conocedor el Guardián del convento de las aptitudes y virtudes de Fray Diego, le confió la dirección del improvisado hospital, donde durante tres meses desplegó su celo infatigable, curando a los apestados, socorriendo a los hambrientos que allí acudían y realizando actos de admirable abnegación, al par que obrando milagros.

Regresó otra vez a Sevilla y poco más tarde llegó a Alcalá de Henares, donde pasa el resto de su vida, más de diez años, siguiendo su impresionante tarea siendo “hombre de Dios”. Tendría algo más de sesenta, cuando murió besando ardientemente el Crucifijo de madera que había llevado siempre consigo. Al expirar pronunció las palabras «¡ Oh dulce madero!, ¡Oh dulces clavos que sostienen tan dulce peso», del himno litúrgico del Viernes Santo, que concluyó en el Cielo.

Fue canonizado por Sixto V en 1588. Se había incoado el proceso a instancias de Felipe II, cuyo hijo Carlos fue curado, de una grave enfermedad, por invocación del Santo. Su fiesta se celebra el 13 de noviembre.

EL SIERVO DE DIOS FRAY JUAN DE JESÚS

En su interior se encuentra la sepultura de Fray Juan de Jesús, figura popular y mística que la ciudad de La Laguna dio en llamar el Siervo de Dios. En la lápida sepulcral se encuentra el mejor resumen de su vida: : “Aquí se custodian los despojos de Fray Juan de Jesús, religioso lego de los menores de San Francisco , nacido en Icod en donde fue bautizado en 20 de Diciembre de 1615. Tomó el hábito de la orden Seráfica en el Convento de San Juan Bautista del Puerto de la Cruz, en 22 de Julio de 1.646, pasando poco después a ser profeso de ésta santa casa de San Diego del Monte, en donde vivió hasta su muerte ocurrida en 6 de Febrero de 1.687. Fue religioso de rarísima humildad y pobreza. Con el dulce encanto de su palabra y ejemplo ponía fuego de amor de Dios en los corazones más tibios y con sus fervorosos clamores sobre el juicio, temor saludable en los más obstinados”.

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